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La ausencia de los esteroides

Ha terminado la primera mitad de la temporada de Grandes Ligas, y se han gestado una serie de hechos inesperados, cómo sorpresivos. La cima de las tres divisiones de la Liga Nacional es ocupada por equipos que pueden ser consideradas cómo sorpresas.

Rojos de Cincinnati, Bravos de Atlanta, y sobre todo, los Padres de San Diego se encuentran al comando de sus respectivas divisiones. Los Padres es el equipo con la nómina mas baja de todo grandes ligas, después de los Piratas, sin embargo, desde el mismo arranque de la temporada se encaramaron en la punta de la división oeste y no ha habido poder humano que los haga descender. Tienen el mejor record en victorias y derrotas de todo el viejo circuito.

En la Liga Americana, han sido los Rangers de Texas la sorpresa. El liderato de la división oeste es suyo, y con buena ventaja sobre los favoritos Angelinos de los Ángeles.

Los líderes ofensivos, sobre todo en cuadrangulares, están sumamente bajos y reinan los lanzadores con muy bajo porcentaje en carreras limpias admitidas.

Se han lanzado dos juegos sin hit ni carrera, dos perfectos, que deberían ser tres, de no ser por la enorme pifia del ampayer Jim Joyce que privó al venezolano Armando Galárraga de la joya de pitcheo.

Ubaldo Jiménez se mantuvo por buena parte de la temporada con un microscópico porcentaje de carreras limpias admitidas por debajo de una carrera por juego.

¿A que viene toda ésta serie de comentarios?, No sé si sea casualidad, pero a raíz del endurecimiento de la política de uso de esteroides anabólicos, el rendimiento de los ofensivos ha bajado significativamente.

Se dice que para que la pelota vuele fuera del parque, hay que darle en el puro centro y tener poder, lo cuál es muy cierto, pero también es cierto, que las sustancias prohibidas ayudan a mejorar el rendimiento de aquellos jugadores con facultades, pero que éstos fármacos magnifican los números a la ofensiva.

Sólo recordemos la competencia que se dio entre Mark McGuire, Sammy Sosa y Barry Bonds al final de los noventas. Fue por demás emotivo ver cómo la pelota volaba una y otra vez por encima de la cerca, pero muy por encima, con un poder descomunal.

Con el paso del tiempo, se destapó la cloaca y se supo que todos ésos bambinazos eran con la ayuda de esteroides anabólicos.

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